Madame Bovary

Madame Bovary

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

¿No tenían otra cosa qué decirse? Sus ojos, sin embargo, estaban llenos de una conversación más seria; y, mientras se esforzaban en encontrar frases banales, se sentían invadidos por una misma languidez; era como un murmullo del alma, profundo, continuo, que dominaba el de las voces. Sorprendidos por aquella dulzura nueva, no pensaban en contarse esa sensación o en descubrir su causa. Las dichas futuras, como las playas de los trópicos, proyectan sobre la inmensidad que les precede sus suavidades natales, una brisa perfumada, y uno se adormece en aquella embriaguez sin ni siquiera preocuparse del horizonte que no se vislumbra. En algunos sitios la tierra estaba hundida por el paso de los animales; tuvieron que caminar sobre grandes piedras verdes, espaciadas en el barro. Frecuentemente ella se paraba un minuto para mirar dónde poner su botina, y, tambaleándose sobre la piedra que temblaba, con los codos en el aire, el busto inclinado, la mirada indecisa, entonces reía, por miedo a caer en los charcos de agua.

Cuando llegaron ante su huerta, Madame Bovary empujó la pequeña barrera, subió corriendo las escaleras y desapareció.

León regresó a su despacho. El patrón estaba ausente; echó una ojeada a los expedientes, se cortó una pluma, finalmente tomó su sombrero y se marchó.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker