Madame Bovary
Madame Bovary —¡Ah!, sà —replicaba Felicidad—, usted es igual que la GuĂ©rine, la hija del señor GuĂ©rin, el pescador del Pollet, que conocĂ en Dieppe antes de venir a casa de los señores. Estaba tan triste, tan triste, que viĂ©ndola de pie a la puerta de su casa, hacĂa el efecto de un paño fĂşnebre extendido delante de la puerta. Su enfermedad, segĂşn parece, era una especie de bruma que tenĂa en la cabeza, y los mĂ©dicos no podĂan hacer nada, ni el cura tampoco. Cuando le daba muy fuerte, se iba completamente sola a la orilla del mar, de manera que el oficial de la aduana, al hacer la ronda, la encontraba a menudo tendida boca abajo y llorando sobre las piedras. Dicen que, despuĂ©s de casarse, se le pasĂł.
—Pero a mà —replicaba Emma— es después del casamiento cuando me ha venido.