Madame Bovary
Madame Bovary —Por ejemplo, nosotros —decÃa él—, ¿por qué nos hemos conocido?, ¿qué azar lo ha querido? Es que a través del alejamiento, sin duda, como dos rÃos que corren para reunirse, nuestras inclinaciones particulares nos habÃan empujado el uno hacia el otro.
Y le cogió la mano. Ella no la retiró.
«¡Conjunto de buenos cultivos!» —exclamó el presidente.
—Hace poco, por ejemplo, cuando fui a su casa… «Al señor Bizet, de Quincampoix».
—¿SabÃa que os acompañarÃa?
«¡Setenta francos!».
—Cien veces quise marcharme y la seguÃ, me quedé.
«Estiércoles».
—¡Cómo me quedarÃa esta tarde, mañana, los demás dÃas, toda mi vida!
«Al señor Carón, de Argueil medalla de oro».
—Porque nunca he encontrado en el trato con la gente una persona tan encantadora como usted.
«Al señor Bain, de Givry-Saint Martin!».
—Por eso yo guardaré su recuerdo.
«Por un carnero merino…»
—Pero usted me olvidará, habré pasado como una sombra.
«¡Al señor Belot, de Notre Dame!…»