Madame Bovary
Madame Bovary Después hablaba de la condición de los campesinos. Ciertamente, el gobierno hacía mucho, pero no bastante. «¡Ánimo!, le decía; son indispensables mil reformas, llevémoslas a cabo». Después, hablando de la llegada del consejero, no olvidaba «el aire marcial de nuestra milicia», ni «nuestras más vivarachas aldeanas», ni «los ancianos calvos, especie de patriarcas que estaban allí, y algunos de los cuales, restos de nuestras inmortales fuerzas, sentían todavía latir sus corazones al varonil redoble del tambor». Él se nombraba de los primeros entre los miembros del jurado, a incluso recordaba en una nota que el señor Homais, farmacéutico, había enviado una memoria sobre la sidra a la Sociedad de Agricultores. Cuando llegaba a la distribución de las recompensas, describía en tono ditirámbico la alegría de los galardonados:
«El padre abrazaba a su hijo, el hermano al hermano, el esposo a la esposa. Más de uno mostraba con orgullo su humilde medalla y, sin duda, ya en su casa junto a una buena esposa, la habrá colgado, llorando, de la modesta pared de su choza.