Madame Bovary
Madame Bovary Al comienzo de la primavera hizo cambiar totalmente la huerta de un extremo a otro, a pesar de las observaciones de Bovary; él se alegró, sin embargo, de verla, por fin, manifestar un deseo, cualquiera que fuese. A medida que se restablecía, manifestó otros. Primeramente buscó la manera de expulsar a la tía Rolet, la nodriza, que había tomado la costumbre durante su convalecencia de venir con demasiada frecuencia a la cocina con sus dos niños de pecho y su huésped con más hambre que un caníbal. Después se deshizo de la familia Homais, despidió sucesivamente a las demás visitas a incluso frecuentó la iglesia con menos asiduidad, con gran aplauso del boticario que le dijo entonces amistosamente:
—Se estaba usted haciendo un poco beata.
El señor Bournisien, como antaño, aparecía todos los días al salir del catecismo. Prefería quedarse fuera a tomar el aire en medio de la enramada, así llamaba a la glorieta. Era la hora en que volvía Carlos. Tenían calor, traían sidra dulce y bebían juntos por el total restablecimiento de la señora.
Allí estaba Binet, un poco más abajo, contra la tapia de la terraza, pescando cangrejos. Bovary le invitó también a tomar algo, pues era muy hábil en descorchar botellas.