Madame Bovary
Madame Bovary Ella parecÃa decidida a dejarle hablar sin interrumpirle. Cruzando los brazos y bajando la cara, contemplaba la lazada de sus zapatillas y hacÃa en su raso pequeños movimientos a intervalos con los dedos de su pie.
Sin embargo, suspiró:
—Lo que es más lamentable, verdad es arrastrar como yo una vida inútil. Si nuestros dolores pudieran servir a alguien nos consolarÃamos en la idea del sacrificio.
León se puso a alabar la virtud, el deber y las inmolaciones silenciosas pues él mismo tenÃa un increÃble deseo de entrega que no podÃa saciar.
—Me gustarÃa mucho —dijo ella— ser una religiosa de hospital.
—¡Ay! —replicó él—, los hombres no tienen esas misiones santas, yo no veo en ninguna parte ningún oficio…, a no ser quizás el de médico…