Madame Bovary
Madame Bovary Con un encogimiento ligero de hombros, Emma le interrumpió para quejarse de su enfermedad en la que había estado a la muerte; ¡qué lástima!, ahora ya no sufriría más. León enseguida envidió la «paz de la tumba», a incluso una noche escribió su testamento recomendando que le enterrasen con aquel cubrepiés con franjas de terciopelo que ella le había regalado, pues es así como hubieran querido estar uno y otro, haciéndose un ideal al cual ajustaban ahora su vida pasada. Además, la palabra es un laminador que prolonga todos los sentimientos.
Pero ante aquel invento de la colcha, dijo ella:
—¿Por qué?
—¿Por qué? —él vacilaba—. ¡Porque yo a usted la he querido mucho!
Y felicitándose por haber vencido la dificultad, León, con el rabillo del ojo, miraba la cara que ponía Emma.Fue como el cielo, cuando una ráfaga de viento barre las nubes. El montón de pensamientos tristes que los ensombrecía pareció retirarse de sus ojos azules; toda su cara resplandeció de felicidad.
León esperaba. Por fin Emma respondió:
—Siempre lo había sospechado…