Madame Bovary
Madame Bovary —¡Pero cuando se está tan pobre no se pone plata en la culata de su escopeta! ¡No se compra un reloj con incrustaciones de concha! —continuaba ella señalando el reloj de Boulle; ni empuñaduras de plata dorada para sus látigos— y los tocaba, ni dijes para su reloj. ¡Oh!, ¡nada le falta!, hasta un portalicores en su habitación; porque tú no te privas de nada, vives bien, tienes un castillo, granjas, bosques, vas de monterÃa, viajas a ParÃs… ¡Eh!, aunque no fuera más que esto —exclamó ella cogiendo sobre la chimenea sus gemelos de camisa, que de la menor de estas boberÃas ¡se puede sacar dinero!… ¡Oh!, ¡no los quiero, guárdalos!
Y le tiró muy lejos los dos gemelos, cuya cadena de oro se rompió al pegar contra la pared.