Madame Bovary
Madame Bovary —¡Calma! —dijo el boticario—. Se trata sólo de administrar algún poderoso antÃdoto. ¿Cuál es el veneno?
Carlos enseñó la carta. Era arsénico.
—Bien —replicó Homais—, habrÃa que hacer un análisis.
Pues sabÃa que es preciso, en todos los envenenamientos, hacer un análisis; y el otro, que no comprendÃa, respondió:
—¡Ah!, ¡hágalo!, ¡hágalo!, ¡sálvela!
Después, volviendo al lado de ella, se desplomó en el suelo sobre la alfombra y permanecÃa con la cabeza apoyada en la orilla de la cama sollozando.
—¡No llores! —le dijo ella—. ¡Pronto dejaré de atormentarte!
—¿Por qué? ¿Quién te ha obligado?
Ella replicó.
—Era preciso, querido.
—¿No eras feliz? ¿Es culpa mÃa? Sin embargo, ¡he hecho todo lo que he podido!
—SÃ…, es verdad…, ¡tú sà que eres bueno!