El Gran Meaulnes
El Gran Meaulnes Dicho asno pertenecía a Dumas, pero éste lo prestaba a Jazmín cuando, en verano, íbamos a bañarnos en el Cher. Entonces la madre del muchacho nos daba una botella de limonada, que guardábamos debajo del pescante, entre los trajes de baño secos. Éramos ocho o diez alumnos mayores del curso los que íbamos en compañía del señor Seurel; unos a pie, otros sobre el carrito del cual tiraba el burro, y que dejábamos en la granja de Grand Fonds cuando el camino hacia el Cher se convirtió en un lodazal.
Recuerdo en todo detalle una de esas excursiones, en la cual el burrito de Jazmín llevó hasta el Cher nuestros trajes de baño, nuestros aparejos, la limonada y al señor Seurel, mientras nosotros lo seguíamos e pie Estábamos en agosto y acabábamos de sufrir los exámenes. Ya sin esa preocupación, nos parecía que todo el verano nos pertenecía, y sin saber por qué cantábamos por el camino, en las primeras horas de una magnífica tarde de jueves.
Una sola mancha ensombreció aquel inocente cuadro. Vimos que más adelante caminaba Gilberte Poquelin: la cintura ajustada, la pollera un poco larga, los zapatos altos, tenía el aire suave y descarado de una muchacha que se está haciendo mujer. Saliendo del camino, tomó por un sendero, sin duda en busca de leche. Entonces el pequeño Coffin, dirigiéndose a Jazmín, le propuso seguirla.