El Gran Meaulnes

El Gran Meaulnes

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Al fondo había seis salones, colmados cada uno de una mercadería distinta: el cuarto de los sombreros, el de los artículos para jardín, el de las lámparas, en fin. Cuando era niño, al pasar por aquel bazar, creía que jamás podría agotar con la mirada todas sus maravillas. Y en aquella época pensaba aún que las únicas vacaciones dignas de tal nombre eran las que pasaba en ese sitio.

La familia ocupaba una espaciosa cocina, cuya puerta comunicaba con el almacén. En la chimenea de esa cocina ardían, a fines de setiembre, grandes fogatas; allí llegaban, de madrugada, los cazadores para vender su caza a Florentin, y se les servía bebida, en tanto que las niñas, ya levantadas, se pasaban unas a otras un poco de «agua perfumada» por los alisados cabellos. En las paredes, unas viejas fotografías amarillentas de grupos de colegiales mostraban a mi padre —a quien me costaba mucho reconocer, de uniforme— entre sus compañeros de la Escuela Normal…

Pasábamos nuestras mañanas allí y en el patio, donde Florentin cultivaba sus dalias y criaba sus gallinas de Guinea; donde, sentado en unos cajones de jabón, tostaba el café; donde nosotros desembalábamos otros cajones, llenos de objetos delicadamente envueltos, cuyos nombres no siembre conocíamos…


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker