Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis Viena, 9-2-98.
… El domingo pasado estuve de consulta en Hungría, donde una dama de cincuenta años afirma estar caminando sobre rodillos de madera, tener los miembros sueltos como los de una muñeca y estar a punto de ponerse a caminar en cuatro patas. Por lo demás, estoy del mejor de los humores, sin motivo alguno, y he vuelto a encontrar mi interés cotidiano en la vida. Estoy sumido en el libro de los sueños[447], escribiéndolo con fluidez y sonriéndome para mis adentros por todo el «agitarse de las cabezas[448]» que suscitarán las indiscreciones y las audacias en él contenidas. ¡Si sólo pudiese uno librarse de tanta lectura! Aun la escasa literatura sobre el tema me tiene ya hastiado. La única cosa razonable se le ocurrió nada menos que al viejo Fechner, en su sublime ingenuidad[449]: el proceso del sueño se desenvolvería en un terreno psíquico distinto. Seré yo quien trace el primer mapa grosero de ese terreno.
… El autoanálisis ha sido dejado de lado en favor del libro de los sueños. Hasta los casos de histeria adelantaban bastante mal. Tampoco este año llegaré a concluir ninguno, y el próximo me encontraré sin pacientes.
Hoy terminé el «artículo en rosa[450]». Es bastante insolente y perfectamente apto para provocar un escándalo, lo que sin duda conseguirá. Breuer podrá decir que he vuelto a mancillar mi buen nombre.
