Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis No pronuncié la conferencia que la Neue Freie Presse anunció el lunes pasado. Fue… Breuer quien me echó encima a la Sociedad Filosófica, después de mucho e insistente rogar. Yo acepté a regañadientes, pero luego, mientras preparaba la conferencia, advertí que habría de exponer una serie de cosas íntimas y sexuales totalmente impropias para un público mixto y extraño para mí, de modo que les escribí renunciando (primera semana). A continuación se me presentaron dos delegados, insistiendo en que hablara, a pesar de todo. Les advertí seriamente contra tal propósito y los invité a que vinieran una noche a mi casa para escuchar la conferencia en privado (segunda semana). Durante la tercera semana la expuse ante los dos, quienes la consideraron maravillosa, opinaron que el público la recibiría sin objeciones, etc. Por consiguiente, la conferencia se anunció para la cuarta semana. Unas horas antes, sin embargo, recibí una carta neumática, diciéndome que algunos miembros habrían concluido por hacer ciertas objeciones y rogándome que comenzara por ilustrar mi teoría por medio de ejemplos inofensivos, para anunciar luego que a continuación vendría la parte comprometedora, invitando a un intervalo para que las damas pudieran abandonar el salón. Naturalmente, cancelé al punto la conferencia, y la carta en que lo hice no carecía, por cierto, de sal y de pimienta. ¡He aquí la vida científica de Viena!