Cien años de soledad
Cien años de soledad Cuando todo terminó, no quedó rastro alguno de Macondo ni de los Buendía. Ningún mapa marcaba su ubicación, ningún hombre recordaba su nombre. Pero en algún lugar, en los rincones más oscuros del universo, las palabras de los pergaminos permanecían suspendidas, esperando que alguien las encontrara y, quizás, las interpretara de una manera diferente.
Porque aunque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra, las historias, como el tiempo, siempre encuentran la forma de regresar.