La prima Phillis
La prima Phillis —¡Phillis! —exclamé, acercándome a ella con el brazo extendido, para coger su mano y ofrecerle mi apoyo, fuese cual fuese el motivo de su pesar.
Pero mi prima fue más rápida que yo, y no dejó que la asiera para impedir que pudiera irse; y, antes de apresurarse a abandonar la casa, dijo:
—¡No, Paul! ¡No puedo soportarlo!
Pasó a mi lado, sollozando aún, y salió a la noche gélida.
Me quedé pensativo. ¿Qué podÃa haberle ocurrido a Phillis? En aquella familia reinaba la armonÃa más perfecta; y los padres querÃan tanto a Phillis, la hija dulce y bondadosa, que, de haber sabido que le dolÃa un dedo, una sombra habrÃa cubierto su alma. Me pregunté si habrÃa hecho algo para contrariarla. No: lloraba antes de que yo entrara. Me acerqué a su libro, y era uno de esos volúmenes italianos ininteligibles. No tenÃa ni idea de lo que decÃa. En el margen vi algunas notas escritas a lápiz con la letra de Holdsworth.