La prima Phillis
La prima Phillis Comprendà al instante lo que se me venÃa encima. Cerré cuidadosamente la puerta, apagué la vela y tome asiento para enfrentarme a mi destino. El pastor pareció tener dificultades para empezar: simulaba estar tan ensimismado en su libro que, de no haber oÃdo que querÃa hablar conmigo, jamás lo habrÃa adivinado. De pronto levantó la cabeza y dijo:
—Quisiera preguntarte algo sobre Holdsworth, ese amigo tuyo. Paul, ¿crees que ha podido engañar a Phillis?
Al ver que sus ojos ardÃan de indignación ante la idea, perdà toda mi presencia de ánimo.
—¿Engañar a Phillis? —repetÃ.
—SÃ. Ya sabes a lo que me refiero: la cortejó, le hizo creer que la amaba, y después se fue y la abandonó. Llámalo como quieras, Paul, pero dame una respuesta… una respuesta sincera, te lo ruego. Y no repitas mis palabras.
Mientras pronunciaba estas palabras no dejó de temblar. Yo le contesté sin dilación:
—Estoy seguro de que Edward Holdsworth nunca engañó a Phillis. Ni la cortejó; y, que yo sepa, jamás le hizo creer que la amaba.