El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia La situación fue empeorando en un círculo vicioso que se agravó en vez de mejorar. Nuestros esfuerzos se hicieron desesperados, no podíamos mudarnos a un sitio más barato porque aún debíamos alquileres al propietario. Parecía que no podríamos hacer nada para mejorar nuestra situación.
Entonces apareció su nuevo amigo, el viejo tratante de camellos de Babilonia, con un plan capaz de realizar justo lo que nosotros deseábamos cumplir. Nos animó amablemente a seguir su sistema. Hicimos una lista de todas las deudas que teníamos, y yo se la mostré a todos nuestros acreedores.
Les expliqué que, tal como iban las cosa, era imposible que les pagara. Ellos mismos podían constatarlo mirando los números. Entonces les dije que la única manera que yo veía de poderles pagar todo era apartando el veinte porciento de mis ingresos mensuales, dividiéndolo equitativamente entre ellos y de este modo devolverles lo que les debía en algo más de dos años. Durante este intervalo haríamos todas nuestras compras al contado.
Todos fueron verdaderamente correctos; nuestro tendero, un viejo razonable, aceptó esta manera de que le paguemos la deuda. Si pagan al contado todo lo que compran y van pagando lo que deben poco a poco, es mejor que si no me pagan nada. Pues no le habíamos pagado desde hacía tres años.