El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia »—Padre, usted habla con sabidurÃa. Deseo fervientemente poseer riquezas, pero gasto mis ganancias en muchas cosas y no sé si hacer lo que me aconseja. Soy joven. Me queda mucho tiempo.
»—Yo pensaba del mismo modo a tu edad, pero ahora han pasado varios años y todavÃa no he empezado a acumular bienes.
»—Vivimos en una época diferente, padre. No cometeré los mismos errores que usted.
»—Se te presenta una oportunidad única, hijo mÃo. Es una oportunidad que puede hacerte rico. Te lo suplico, no tardes. Ve a ver mañana al hijo de mi amigo y cierra con él el trato de invertir en ese negocio el diez porciento de lo que ganas. Ve sin dilación antes de que pierdas esta oportunidad que hoy tienes a tu alcance y pronto desaparecerá. No esperes.
»A pesar de la opinión de mi padre, dudé. Los mercaderes del Este acababan de traer ropa de tal riqueza y belleza que mi mujer y yo ya habÃamos decidido que comprarÃamos al menos una pieza para cada uno. Si hubiera aceptado invertir la décima parte de mis ganancias en esa empresa, hubiéramos tenido que privarnos de esas vestimentas y de otros placeres que deseábamos. No quise pronunciarme hasta que fuera demasiado tarde; fue una mala idea. La empresa resultó más fructÃfera de lo que se hubiera podido predecir. Esta es mi historia y muestra cómo permità que la fortuna se me escapara.