Almas muertas
Almas muertas —PermÃtame, ¿quién de los presentes es el señor Nozdriov? —preguntó el recién llegado, quien se quedó contemplando un tanto atónito a Nozdriov, que aún empuñaba su pipa a manera de palo, y Chichikov, quien por entonces comenzaba a reponerse del mal trago pasado.
—PermÃtame que primero le pregunte con quién tengo el honor de hablar —inquirió a su vez Nozdriov mientras se acercaba al desconocido.
—Soy capitán de la policÃa rural.
—¿Y qué es lo que desea?
—He venido a hacerle saber que se halla usted a disposición del tribunal hasta que sea vista su causa.
—¿Qué necedad es ésa? ¿Qué causa dice usted? —preguntó Nozdriov.
—Está usted acusado de haber ofendido al terrateniente Maximov en persona. Se encontraba usted ebrio y le dio unos cuantos vergajazos.
—¡Mentira! ¡Nunca he visto a ningún terrateniente llamado Maximov!
—PermÃtame decirle, señor, que soy un oficial. ¡A su servidumbre puede hablarle de este modo, pero no a mÃ!