Almas muertas
Almas muertas —Tiene toda la razón, es cierto —asintió Chichikov.
—Por supuesto —continuó Manilov—, serÃa muy distinto si tuviéramos buenos vecinos, si por ejemplo, alguien con quien poder hablar del buen trato, intercambiar delicadezas, seguir la marcha de una ciencia, de forma que el alma lograra expansionarse, que se creyera uno, por asà decirlo, estar volando por los espacios… —Iba a añadir algo más, pero al darse cuenta de que se habÃa entregado con exceso a las divagaciones, hizo un gesto indefinido y prosiguió—: En este caso, naturalmente, el campo y la soledad resultarÃan muy agradables… Sólo a veces, cuando uno se pone a leer Sin Otechestva[12].
Chichikov manifestó estar totalmente de acuerdo con esto, añadiendo que era imposible encontrar nada tan agradable como la vida en el campo y el recogimiento, gozando en la contemplación de la naturaleza y leyendo otras veces un buen libro…
—Pero ¿sabe usted? —añadió Manilov—. Si uno no tiene algún amigo con el que poder compartir los propios sentimientos…
—¡Oh! ¡Verdaderamente, tiene usted toda la razón! —le interrumpió Chichikov—. ¿Qué representan entonces todos los tesoros que pueda haber en el mundo? «No busques el dinero, busca buenos amigos», aconsejó cierto sabio.