Almas muertas
Almas muertas —Mañana sin falta, Andrei Ivanovich, a las diez, acudiré a visitarle. A mi modo de ver, cuanto antes se presenten los respetos a un hombre honorable, tanto mejor. Y como mi coche no está todavÃa arreglado, permÃtame que me vaya en el suyo.
—¡No faltaba más! ¿Por qué me lo pide? Usted es aquà dueño y señor de todo. El coche y cuanto precise se halla a su disposición.