Almas muertas
Almas muertas —¿Por qué? ¡Si no estoy enojado! —repuso el general, ya suavizado—. En el fondo le apreciaba sinceramente, no tengo la menor duda de que, con el tiempo, llegará a ser un hombre muy útil.
—Tiene usted toda la razón, Excelencia: un hombre realmente útil. Puede vencer, posee el don de la palabra y sabe manejar la pluma.
—Pero probablemente escribirá estupideces.
—No, Excelencia, no son estupideces… Se trata de algo serio… Está escribiendo… una historia, Excelencia.
—¿Una historia? ¿Sobre qué?
—Una historia… —Chichikov se detuvo, y ya fuera porque se hallaba en presencia de un general, ya por dar más importancia a la cosa, agregó—: Una historia de los generales, Excelencia.
—¿De los generales dice usted? ¿Qué generales son ésos?
—Los generales en general, Excelencia, tomados en su conjunto. Es decir, hablando con propiedad, los generales de nuestro paÃs.
Chichikov, totalmente desconcertado, se maldecÃa para sus adentros, y pensó: «¡Dios mÃo! ¡Pero qué sarta de necedades estoy diciendo!».