Almas muertas
Almas muertas Pero comenzaron las tierras de Jlobuev y, sin darse cuenta, se quedaron mudos: en lugar de los bosques de antes había unos matorrales recomidos por el ganado; el raquítico centeno apenas si conseguía abrirse paso por entre las malas hierbas. Por último, surgieron unas cabañas ruinosas, sin ninguna cerca que las rodeara, en medio de las cuales se alzaba un edificio de mampostería deshabitado que había quedado a medio construir. Sin duda habían faltado materiales para el tejado, y así quedó, cubierta con una techumbre de paja que con el tiempo había ennegrecido. El propietario habitaba en otra casa, ésta de una sola planta. Salió a su encuentro, vestido con una raída levita, desarreglado, con unas botas viejas, como si se levantara de dormir y con muestras de gran abandono. No obstante, su rostro era el de una buena persona.
La llegada de los visitantes le alegró sobremanera, igual que si viera a unos hermanos de los que llevaba largo tiempo separado.