Historias de San Petersburgo
Historias de San Petersburgo –¡Lise, Lise! Pero ¡qué parecido! Superbe, superbe! ¡Qué acierto ha tenido vistiéndola al estilo griego! ¡Ay, que sorpresa!
El pintor no sabĂa cĂłmo sacarlas del error que tanto las encantaba. Algo avergonzado, murmurĂł con cabeza gacha:
–Es Psique.
–Bajo la forma de Psique, Âżverdad? C´est charmant! –dijo la madre con una sonrisa, y tambiĂ©n sonriĂł la hija–. ÂżNo es cierto, Lise, que te va muy bien estar representada bajo la forma de Psique? Quelle idĂ©e dĂ©liciuse! Pero ¡quĂ© ejecuciĂłn! Esto es un Correggio. Confieso que habĂa leĂdo y oĂdo hablar mucho de usted, pero no sabĂa que tuviera este talento. Desde luego, tambiĂ©n a mĂ debe hacerme un retrato.
Al parecer ella querĂa ser retratada igualmente bajo la forma de alguna Psique.
“¿Qué puedo hacer? –pensó el pintor–. Puesto que asà lo quieren, dejaremos que Psique sea lo que se les antoje”, y dijo en voz alta:
–Tenga la bondad de posar todavĂa un momento. Voy a dar los Ăşltimos toques al lienzo.
–¡Ay! No irá usted a... ¡Ahora está tan parecida!