Las Veladas de Dikanka
Las Veladas de Dikanka No obstante, un ojo perspicaz habría constatado enseguida que la inmovilidad del alcalde no se debía a la estupefacción. Su actitud era la de un viejo y experimentado gato que permite a un inexperto ratón correr junto a su cola, mientras improvisa un rápido plan para cortarle la retirada a su madriguera. El único ojo del alcalde seguía fijo en la ventana, mientras su mano, con la que había hecho una señal al guardia, se había apoyado ya en el picaporte de madera de la puerta. De pronto se produjo un griterío en la calle… El destilador, entre cuyas numerosas virtudes se encontraba también la curiosidad, se apresuró a llenar su pipa de tabaco y salió corriendo a la calle, pero los gamberros ya se habían dispersado.