Las Veladas de Dikanka
Las Veladas de Dikanka —«Por consiguiente, te ordeno que cases enseguida a tu hijo, Levko Makogónenko, con Hanna PetrÃchenkova, joven cosaca de la misma aldea, y también que repares los puentes de la carretera principal y que no prestes los caballos de los vecinos a los funcionarios del tribunal sin mi consentimiento, aunque vengan directamente de la Audiencia. Si a mi llegada esta orden no ha sido cumplida, toda la responsabilidad recaerá sobre ti. El comisario, teniente retirado Kozmá Derkach-Drishpanovski».
—¡Vaya! —dijo el alcalde, con la boca abierta—. Ya habéis oÃdo: de todo será responsable el alcalde; por tanto, tenéis que obedecerme. ¡Obedecer sin rechistar! Si no, no me pidáis… En cuanto a ti —añadió, dirigiéndose a Levko—, ya que el comisario lo ordena (aunque me sorprende que este asunto haya llegado a su conocimiento), te casaré; pero antes te haré probar mi látigo; ya sabes, el que está colgado en la pared, junto al rincón de los iconos. Mañana le voy a quitar el polvo… ¿Dónde te han entregado ese billete?
Levko, a pesar de la sorpresa causada por ese giro inesperado de los acontecimientos, tuvo el ingenio suficiente para improvisar una respuesta y ocultar el verdadero modo en que se habÃa hecho con aquel papel.