Las Veladas de Dikanka
Las Veladas de Dikanka Un dÃa, no sé por qué motivo, un poderoso hetman tuvo que enviar un mensaje a la zarina. El escribiente del regimiento —¡diablos, ya me he olvidado de su apellido!… algo asà como Viskriak o Motúzochka o Golopútsek… sólo recuerdo que era un nombre complicado que empezaba de una forma extraña— llamó entonces a mi abuelo y le dijo que el hetman en persona le habÃa elegido como correo para llevarle un mensaje a la zarina. Al abuelo no le gustaban los preparativos largos: cosió el mensaje en el gorro, sacó el caballo, dio un beso a su mujer y a sus dos lechones, como él los llamaba, uno de los cuales era el padre de quien os habla, y partió, levantando tanto polvo como el que podrÃan hacer quince muchachos jugando en medio de la calle.