Las Veladas de Dikanka
Las Veladas de Dikanka Mi abuelo volvió a mirar las cartas y no encontró ni un solo triunfo. ¡Parecía cosa del diablo! Otra vez se quedó con el burro y las diablesas volvieron a desgañitarse: «¡Burro! ¡Burro!»; debido al griterío la mesa temblaba y las cartas saltaban sobre ella. Mi abuelo se encolerizó y repartió cartas por última vez. De nuevo todo iba bien. La bruja volvió a salir con un cinco, pero mi abuelo lo mató y al robar del montón se llenó de triunfos.
—¡Triunfo! —gritó, dando tal golpe en la mesa con la carta que por poco la hunde. La bruja sin decir palabra la cubrió con un ocho.
—¿Con qué matas mis triunfos, vieja diablesa?
La bruja levantó su carta: en lugar del triunfo apareció un simple seis.
—¡Vaya un prodigio diabólico! —exclamó el abuelo, y descargó con enfado un violento puñetazo sobre la mesa.