Las Veladas de Dikanka
Las Veladas de Dikanka Sólo le quedaba una noche para deambular por el mundo y el diablo la ocupaba en buscar la manera de descargar su odio sobre el herrero. Por eso habÃa decidido robar la luna, juzgando que el viejo Chub era un hombre perezoso e indolente y que su isba quedaba lejos de la casa del diácono; además, el camino discurrÃa por detrás de la aldea, pasaba junto a los molinos y el cementerio y bordeaba el barranco. Si hubiera brillado la luna, el licor de especias y el vodka de azafrán habrÃan podido decidir a Chub. Pero en una noche tan oscura, no habrÃa manera de que bajara de la estufa y saliera de su casa. Y el herrero, a pesar de su fuerza, nunca se atreverÃa a visitar a la hija en presencia de su padre, con el que no mantenÃa buenas relaciones desde hacÃa tiempo.