Las Veladas de Dikanka
Las Veladas de Dikanka Veamos ahora lo que hacía la bella hija de Chub, que se había quedado sola en la casa. Oksana aún no había cumplido los diecisiete años, pero en el mundo entero, a un lado y otro de Dikanka, sólo se hablaba de ella. Los muchachos habían proclamado a una sola voz que jamás había habido ni volvería a haber una muchacha tan hermosa en la aldea.
Oksana sabía lo que se decía de ella, pues había oído esos comentarios, y era caprichosa como toda beldad. Si en lugar de falda y delantal hubiera llevado un capote, habría eclipsado a todas las demás muchachas. Los mozos la cortejaban en masa, pero poco a poco perdían la paciencia y acababan dirigiéndose a otras jóvenes menos mimadas. Sólo el herrero se mostraba tenaz y seguía cortejándola, a pesar de no recibir mejor trato que los otros.