Las Veladas de Dikanka
Las Veladas de Dikanka En una ocasión, mientras las viejas hablaban del tema, llegó un pastor de vacas llamado Timish Korostiavi. Ese hombre contó que el verano anterior, la víspera de San Pedro, cuando se echaba a dormir en el establo, después de colocar un poco de paja bajo la cabeza, vio con sus propios ojos cómo una bruja, con los cabellos sueltos y una camisa por todo vestido, se ponía a ordeñar las vacas; según sus palabras, no había podido moverse de lo hechizado que estaba. Una vez concluida su labor, la bruja se acercó a él y le untó los labios con alguna sustancia tan repugnante que después se había pasado todo el día escupiendo. Pero esa anécdota tenía un aire sospechoso, ya que sólo el asesor de Soróchintsi era capaz de ver brujas. Por eso todos los cosacos respetables se mostraban indiferentes cuando oían esas conversaciones y solían responder a ellas con el siguiente comentario: «¡Cuentos de mujeres!».