Las Veladas de Dikanka
Las Veladas de Dikanka En las calles las canciones y los gritos resonaban cada vez más fuertes. Los grupos errantes aumentaban en número gracias a gentes llegadas de las aldeas vecinas. Los mozos hacían travesuras y alborotaban. A menudo, entre los villancicos, se oía una alegre canción improvisada en ese mismo instante por algún joven cosaco. O en medio de la multitud alguien entonaba, en lugar de un villancico, una canción de Noche Vieja, gritando a pleno pulmón:
¡Es Noche Vieja, es Noche Vieja!
Dadme un buñuelo,
un plato de gachas,
una rodaja de salchicha.