Las Veladas de Dikanka
Las Veladas de Dikanka no hay más remedio que complacerla…
(Kotliarevski).
—¡Escucha, mujer! ¡He encontrado un novio para la pequeña!
—¡Buen momento es éste para buscar novios! ¡Idiota, idiota! ¡No dejarás nunca de ser un estúpido! ¿Dónde has visto u oÃdo que un hombre de bien corra en busca de novios para su hija en un momento como éste? Más valdrÃa que pensaras en vender tu trigo. ¡Bueno debe ser el novio que has encontrado! Seguramente el más harapiento de los mendigos.
—¡Nada de eso! ¡Si hubieras visto qué muchacho! Sólo su casaca cuesta más que tu chaqueta verde y tus botas encarnadas juntas. ¡Y cómo bebe el aguardiente!… ¡Que el diablo nos lleve a los dos juntos si alguna vez he visto a un muchacho beberse asà medio cuartillo de un solo trago y sin pestañear!
—Ya veo: como se trata de un borracho y un vagabundo, es de tu agrado. No me extrañarÃa que fuera el mismo granuja que nos abordó en el puente. Es una pena que no haya caÃdo en mis manos: le habrÃa dado una buena lección.
—¿Y qué pasarÃa si fuera él, Jivria? ¿Por qué es un granuja?