Las Veladas de Dikanka
Las Veladas de Dikanka El carruaje se detuvo ante el palacio. Los zaporogos salieron, se internaron en el magnÃfico vestÃbulo y empezaron a subir por una escalera brillantemente iluminada.
—¡Qué escalera! —murmuraba el herrero—. ¡Hasta da pena pisarla! ¡Y qué ornamentos! ¡Para que luego digan que los cuentos están llenos de mentiras! ¡Nada de mentiras! ¡Dios mÃo, qué balaustrada! ¡Qué trabajo tan extraordinario! ¡En su fabricación sólo han empleado hierro, y por un valor de al menos cincuenta rublos!