Las Veladas de Dikanka
Las Veladas de Dikanka —¡Es él! ¡Es él! —gritaban las gentes, apretándose unas a otras.
—¡El brujo ha vuelto a aparecer! —gritaban las madres, tomando a sus hijos en brazos.
El esaúl, solemne y majestuoso, avanzó hacia él y dijo con poderosa voz, enfrentándole los iconos:
—¡Desaparece, imagen de Satanás! ¡Aquà no hay lugar para ti!
Y el extraño anciano, silbando y haciendo crujir los dientes como un lobo, desapareció.
Poco a poco, como un mar tempestuoso, los comentarios y las voces empezaron a resonar entre las gentes.
—¿Quién es ese brujo? —preguntaban las personas jóvenes e inexpertas.
—¡Acontecerá alguna desgracia! —decÃan los viejos, sacudiendo la cabeza.
Por todas partes, en el amplio patio del esaúl, empezaron a formarse grupos que comentaban la historia del extraño brujo. Pero cada cual decÃa una cosa distinta y nadie sabÃa nada con certeza.