Las Veladas de Dikanka
Las Veladas de Dikanka De nuevo se restableció el silencio. La barca viró y empezó a bordear un saliente de la orilla. De pronto los remeros soltaron los remos y mantuvieron la mirada fija en algún punto. El señor Danilo también quedó inmóvil: el terror y el frío se hundieron en sus venas de cosaco.