Las Veladas de Dikanka
Las Veladas de Dikanka —¡No, no digas que es mi padre! No es un padre para mÃ. ¡Dios es testigo de que reniego de él, de que reniego de mi padre! ¡Es un anticristo, un apóstata! ¡Que perezca, que se ahogue! No le tenderé mi mano para salvarlo. Si una hierba venenosa le reseca el cuerpo, no le daré agua para calmar su sed. ¡Tú eres mi padre!