Las Veladas de Dikanka

Las Veladas de Dikanka

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—No, Katerina, mi alma presiente que la muerte está próxima. De mi vida se ha adueñado la tristeza. Se avecinan tiempos difíciles. ¡Ah, cuánto me acuerdo de esos años que ya no volverán! ¡Todavía vivía el viejo Konashevich, honor y gloria de nuestro ejército! Aún me parece estar viendo a los regimientos cosacos desfilando. ¡Fueron unos años maravillosos, Katerina! El viejo hetman cabalgaba en su caballo moro y en su mano brillaba el cetro. Iba rodeado de su séquito y a ambos lados se movía el mar encarnado de los zaporogos. El hetman empezó a hablar y todos se quedaron como clavados al suelo. El viejo se echó a llorar, recordando ante nosotros sus hazañas y las batallas de antaño. ¡Ah, si supieras, Katerina, cómo peleábamos entonces contra los turcos! Aún conservo una marca en la cabeza. Cuatro balas atravesaron mi cuerpo por lugares diferentes y ninguna de las heridas se ha curado nunca del todo. ¡Cuánto oro amasamos esa jornada! Los cosacos llenaban sus gorros de piedras preciosas. ¡Si supieras, Katerina, qué caballos les tomamos entonces! ¡Ah, nunca volveré a guerrear así! Aunque todavía no soy viejo y mi cuerpo parece conservar sus fuerzas, la espada cosaca se me cae de las manos y paso los días ocioso, sin saber para qué vivo. No hay orden en Ucrania: los coroneles y los esaúles riñen entre sí como perros. Falta un jefe que mande sobre todos. Nuestra nobleza ha adoptado los usos polacos, ha adquirido su astucia… ha vendido su alma aceptando la Unión[20]. Los judíos oprimen a los pobres. ¡Oh, tiempos, tiempos pasados! ¿Adónde os habéis marchado, años míos? ¡Oye, muchacho, baja a la bodega y tráeme una jarra de hidromiel! ¡Voy a brindar por nuestra pasada fortuna y por los años lejanos!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker