Las Veladas de Dikanka
Las Veladas de Dikanka del que chorrea la sangre,
un arroyo de sangre.
En la orilla hay un plátano
y en sus ramas grazna un cuervo.
La madre llora por el cosaco.
¡No llores, madre, no te aflijas!
Tu hijo ya se ha casado.
Ha tomado a una joven por mujer.
En la vasta llanura tiene su casa,
sin puerta ni ventanas.
Así acaba la canción.
El cangrejo bailaba con el pez…
¡Y el que no me quiera a mí,
que su madre tiemble de fiebre!