Las Veladas de Dikanka
Las Veladas de Dikanka Una mañana, al amanecer, llegó un apuesto forastero, vestido con un caftán rojo, y preguntó por el señor Danilo. Cuando se enteró de la nueva, secó con una manga sus ojos llenos de lágrimas y se encogió de hombros. Según decía, había guerreado junto al difunto Burulbash; juntos habían peleado contra los crimeanos y los turcos. ¿Quién podía imaginar que el señor Danilo iba a tener semejante fin? El forastero contó otras muchas cosas y solicitó ver a la señora Katerina.
Al principio Katerina no oía nada de lo que decía el forastero, pero poco a poco empezó a prestar atención a sus palabras como si fuera una persona cuerda. El forastero le contó que Danilo y él eran como hermanos y que en una ocasión se habían ocultado bajo un remo para escapar de los crimeanos… Katerina era toda oídos y no apartaba los ojos de él.
«¡Se restablecerá!», pensaban los sirvientes al mirarla. «¡Ese forastero la curará! ¡Le está escuchando como si estuviera en su sano juicio!».
El forastero empezó a contarle que el señor Danilo, en el transcurso de una sincera conversación, le había dicho: «Mira, hermano Koprián: cuando por voluntad de Dios ya no esté en este mundo, toma a mi mujer y que sea tu esposa…».
Katerina le miró aterrorizada. «¡Ah!», gritó. «¡Es él! ¡Es mi padre!», y se arrojó sobre él con el cuchillo.