Las Veladas de Dikanka
Las Veladas de Dikanka A continuación Grigori Grigórievich suspiró un par de veces y emitió un silbido tan terrible por la nariz que se oyó en toda la habitación; de vez en cuando roncaba con tanta fuerza que la vieja, adormilada en su camastro, se despertaba, miraba a un lado y a otro, y al no ver nada se tranquilizaba y volvía a quedarse dormida.
Al día siguiente, cuando Iván Fiódorovich se despertó, el gordo propietario ya no estaba. Ése fue el único acontecimiento notable que le sucedió durante todo el viaje. Tres días más tarde empezó a aproximarse a su hacienda.