Las Veladas de Dikanka
Las Veladas de Dikanka Desde que Iván Fiódorovich había regresado a casa, su vida había cambiado por completo y había tomado un nuevo rumbo. Parecía como si la Naturaleza lo hubiese creado expresamente para administrar una hacienda de dieciocho almas. Su tía advirtió que sería un buen amo, aunque no le permitía inmiscuirse en todas las actividades de la hacienda. «Aún es muy joven», solía decir, aunque el sobrino frisaba ya los cuarenta años. «¡Cómo va a saber!».