Las Veladas de Dikanka
Las Veladas de Dikanka Finalmente, al cabo de unos cuatro días, todos vieron cómo sacaban el carruaje de la cochera y lo llevaban al patio. El cochero Omelka, que también desempeñaba funciones de hortelano y guardián, estuvo trabajando con el martillo desde el amanecer, sujetando el cuero y espantando una y otra vez a los perros, que venían a lamer las ruedas. Considero mi deber advertir al lector que esa calesa era la misma utilizada en su día por Adán; así pues, si alguien pretendiera que algún otro carruaje perteneció a Adán, la aseveración sería una sucia mentira y la calesa una falsificación. Se ignora por completo cómo pudo salvarse del diluvio. Hay que pensar que en el arca de Noé había una cochera especial para ella. Es una pena que no pueda ofrecer al lector una descripción viva de su figura. Baste decir que Vasilisa Káshporovna estaba muy satisfecha de su arquitectura y no dejaba de lamentarse de que los carruajes antiguos ya no estuvieran de moda. La misma estructura del carruaje, un poco vencida de un lado, de modo que la parte derecha quedaba bastante más alta que la izquierda, le gustaba mucho, pues decía que las personas pequeñas podían ir a un lado y las grandes al otro. Por lo demás, en el interior del carruaje había espacio para cinco hombres pequeños y tres del tamaño de la tía.