Las Veladas de Dikanka
Las Veladas de Dikanka —¡Vete al diablo! —exclamó el abuelo, dejando la olla—. ¡Quédate con tu tesoro! ¡Qué jeta tan abominable! —y ya estaba a punto de echarse a correr, cuando miró a su alrededor y vio que todo volvÃa a ser como antes—. ¡Lo que quiere el espÃritu impuro es asustarme!
De nuevo trató de sacar la olla, pero era demasiado pesada. ¿Qué hacer? ¡No iba a dejarla allÃ! Haciendo acopio de todas sus fuerzas, el abuelo la agarró con las dos manos.
—¡Vamos, otro tirón! ¡Otro, otro! —y la sacó—. ¡Uf! ¡Ahora es momento de oler un poco de tabaco!