Las Veladas de Dikanka
Las Veladas de Dikanka «¿Dónde se habrá metido el abuelo?», pensábamos nosotros, que llevábamos tres horas esperándole. HacÃa tiempo que nuestra madre habÃa venido desde la granja con un puchero de galushkas calientes. ¡Y el abuelo seguÃa sin aparecer! Una vez más empezamos a cenar solos. Después de la cena, nuestra madre lavó el puchero y buscó con la vista un lugar en el que arrojar el agua sucia, pues alrededor sólo habÃa bancales; de pronto vio un tonel que iba directamente a su encuentro. El cielo estaba bastante oscuro. Nuestra madre probablemente pensó que uno de los muchachos, para divertirse, se habÃa ocultado detrás del tonel y lo empujaba.
—¡Muy a propósito! ¡Voy a arrojar allà el agua sucia! —dijo, y vertió el agua hirviendo.
—¡Ay! —gritó alguien con voz de bajo.
Miramos y era el abuelo. ¡Quién iba a imaginarlo! Os juro que pensábamos que se trataba de un tonel. Reconozco, aunque no sea muy piadoso, que nos pareció muy divertido ver la cabeza canosa del abuelo empapada de agua sucia y toda cubierta de mondas de melón y de sandÃa.