Las Veladas de Dikanka

Las Veladas de Dikanka

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

¿Por qué? ¿Por qué? —decía, apretándose el costado. Y prorrumpió en amargo llanto.

(Artemovski-Gulak, El señor y el perro)

—¿Es verdad, compadre, que has cogido algo? —preguntó Cherevik, atado junto a su compadre bajo un cobertizo con techumbre de paja.

—¡También tú, compadre! ¡Que se me sequen los brazos y las piernas si en toda mi vida he robado alguna cosa, a no ser los buñuelos de crema que haya podido cogerle a mi madre cuando tenía diez años!

—Entonces, compadre, ¿a qué se debe este infortunio? Y lo tuyo no es grave: a ti sólo te acusan de robar algo ajeno; pero yo, desdichado de mí, me enfrento a una terrible calumnia: ¡haberme robado mi propia mula! ¡Está visto, compadre, que es nuestro sino no tener nunca suerte!

—¡Desdichados de nosotros, pobres huérfanos! Y ambos hombres estallaron en sollozos.

—¿Qué te sucede, Solopi? —exclamó Gritsko, que entraba en ese momento—. ¿Quién te ha atado de ese modo?

—¡Ah! ¡Golopupenko, Golopupenko! —gritó Solopi, lleno de alegría—. Mira, compadre, éste es el hombre del que te he hablado. ¡Es un valiente! Que Dios me fulmine aquí mismo si no se bebió en mi presencia una jarra tan grande como tu cabeza. Y sin pestañear.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker