Las Veladas de Dikanka
Las Veladas de Dikanka —¡Dios os bendiga! —dijo Cherevik, uniendo sus manos—. ¡Que viváis tan unidos como las trenzadas ramas de las guirnaldas!
En ese momento se oyó un clamor entre la multitud:
—¡Antes reventaré que permitir esto! —gritó la compañera de Cherevik, pero sus palabras fueron recibidas con una carcajada por parte de la multitud.
—¡No te enfades, mujer, no te enfades! —dijo Cherevik con serenidad, viendo que dos robustos gitanos la tenÃan sujeta por los brazos— lo hecho, hecho está. ¡No me gusta faltar a mi palabra!
—¡No! ¡No! ¡No lo permitiré! —gritaba Jivria, pero nadie la escuchaba; algunas parejas rodearon a los recién casados y formaron una impenetrable barrera danzante a su alrededor.