Las Veladas de Dikanka
Las Veladas de Dikanka No recuerdo lo que pasó después. Pidorka hizo voto de ir en peregrinación; reunió los bienes que le había dejado su padre y unos días más tarde desapareció de la aldea. Nadie sabía adónde se había ido. Las serviciales viejas suponían que se había reunido ya con Pietro, pero un cosaco llegado de Kiev contó que había visto en el convento una monja toda seca, parecida a un esqueleto, que no paraba de rezar y a la que nadie había oído pronunciar palabra; en esa descripción los paisanos reconocieron a Pidorka. Añadió el cosaco que la monja había llegado a pie y que había aportado para el icono de la madre de Dios una montura con unas piedras tan brillantes que no se podía mirarlas sin entornar los ojos.