Sab

Sab

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Conmovida en aquel momento, a vista de este inesperado interés, arrojose la pobre niña en los brazos de su amiga y renovó su llanto. Poco tuvo que insistir Teresa para arrancarla una entera confesión de los motivos de su tristeza. No acostumbrada al dolor, pero dotada de una alma capaz de recibirlo en toda su plenitud, Carlota había padecido tanto aquella noche con sus cavilaciones e inquietudes, que sentía una necesidad de pedir consuelo y compasión. Por otra parte, aunque Teresa con su sequedad genial recibiese sus confianzas por lo común con muestras de poco interés, Carlota había adquirido el hábito de hacérselas, y reprochábala su corazón, como una falta, la reserva que en aquella ocasión había tenido con su amiga. Así pues, abrazada de su cuello y llenos los ojos de lágrimas, refiriole con candor y exactitud todas las quejas que formaba de Enrique. Teresa la escuchaba con atención, y luego que hubo concluido:

—¡Pobre Carlota! —la dijo—, ¡cómo te forjas tú misma motivos de inquietud!

—¡Pues qué! —exclamó con ansiedad de temor y de esperanza—, ¿piensas tú que soy injusta?

—Lo eres indudablemente —repuso Teresa.

—¿Piensas que me ama lo mismo que antes?

—¿Y por qué no te amaría más cada día, querida Carlota? Eres tan buena, ¡tan hermosa!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker