Sab
Sab «¿Qué haré?, ¿qué medio hallaré
donde no ha de hallarse medio?,
mas si el morir es remedio
remedio en morir tendré».
LOPE DE VEGA
—¡Pobre Sab! —exclamó Teresa—, ¡cuánto habrás padecido al saber que ese ángel de tus ilusiones querÃa entregarse a un mortal!
—¡Indigno de ella! —añadió con tristeza el mulato—. SÃ, Teresa, cien veces más indigno que yo, no obstante su tez de nieve y su cabellera de oro. Si no lo fuese, si ese hombre mereciese el amor de Carlota, creedme, el corazón que se encierra en este pecho serÃa bastante generoso para no aborrecerle. «¡Hazla feliz!» le dirÃa yo, y morirÃa de celos bendiciendo a aquel hombre. Pero no, él no es digno de ella: ella no puede ser dichosa con Enrique Otway…, ¡ved aquà el motivo de mi desesperación! Carlota en brazos de un hombre era un dolor…, ¡un dolor terrible!, pero yo hubiera hallado en mi alma fuerzas para soportarlo. Mas Carlota entregada a un miserable… ¡oh, Dios! ¡Dios terrible!…, ¡esto es demasiado!, habÃa aceptado el cáliz con resignación y tú quisiste emponzoñar su hiel.